agosto 28, 2023
Son niños migrando
La búsqueda de Gabriel y sus compañeros, con estas propuestas a través del juego, tenía que ver con desarmar ciertas miradas obturadas por el prejuicio, incluso en algunos niños, para darles esa chance de conocerse, vinculándose desde otro lado. Hacerse amigos también puede ser un hecho político, sí señor.
Pueden hacer naufragar el proyecto migratorio de toda la familia, y eso es demasiado peso para la espalda de cualquier criatura.

¡Retomamos la caminata! Hicimos una pausa, porque necesitábamos reflexionar sobre algunas cosas urgentes que nos están pasando, pero ya es momento de seguir adelante con nuestros viajes. En esta nota se encontrarán con los episodios 17 y 18 de un ciclo sobre infancias y adolescencias migrantes. Serán 30 en total, y en cada uno de ellos está la palabra de hombres y mujeres que han alumbrado el camino en el intento de crear una mirada colectiva y amorosa en torno a estas vidas tan difíciles, que son las vidas migrantes. En nuestro canal de Spotify, están disponibles todos los episodios anteriores.

Hoy comenzamos a hablar de los vínculos que logran armar las niñeces y las adolescencias migrantes y de la importancia que tiene el mundo adulto, cuando sabe mediar para que eso ocurra. Gabriel Tórem es uno de los entrevistados, cuyo testimonio nos viene acompañando con el correr de los episodios: docente e investigador, nos ayudaba a reflexionar sobre ciertas lógicas normalizadoras que siguen imperando en contextos estatales y que obstaculizan el desarrollo social de un chico migrante. Cuando se toma la decisión de no bucear en las diferencias que existe entre los niños, en términos de sus marcas culturales, lo único que se consigue es anular aquellas que son minoritarias

Semanas atrás, Gabriel nos compartía una percepción: que durante ciertos días festivos afloran en las escuelas la danza y las comidas regionales, algo que él lógicamente celebra. El problema es lo que ocurre durante el resto del año: una evidente omisión institucional en relación a esas formas diversas de entender la vida. 

Coordinó espacios orientados a las niñeces, con abordajes didácticos y recreativos. Allí, Gabriel procuró no apegarse jamás a ninguna noción de normalidad. Pone como ejemplo algunas situaciones que surgieron en el marco de esos talleres, para explicar que no todo está dado de antemano: cuenta que el ajedrez apareció como una estrategia alternativa, en el afán de canalizar algunas violencias, pero que terminó siendo un factor integrante entre los propios chicos, que robustecían la autoestima conforme mejoraban su manera de jugar. 

La búsqueda de Gabriel y sus compañeros, con estas propuestas a través del juego, tenía que ver con desarmar ciertas miradas obturadas por el prejuicio, incluso en algunos niños, para darles esa chance de conocerse, vinculándose desde otro lado. Hacerse amigos también puede ser un hecho político, sí señor: a veces basta que el mundo adulto se haga a un lado, pero otras exige que los responsables se pongan a trabajar para que eso ocurra.

Eso era precisamente lo que ocurría en el CIDAC: había adultos responsables trabajando para que los niños asuman sus diversidades y aprendan a hacerse amigos con todos los colores y los aromas a flor de piel.

Todos los niños son igual de niños, pero ninguna infancia es idéntica a las demás. Esto, que parece un juego de palabras, es la primera verdad para entender la necesidad de cuerpos profesionales interviniendo con criterio y herramientas adecuadas, sobre todo al frente de las instituciones públicas. Nadie puede desconocer que el sentido de lo público es igualar, pero igualar para que todos los niños sean felices, no igualar para que se arreglen como puedan. Eso es lo que hace el mercado, y el Estado tiene que hacer exactamente lo contrario.

Oirán en el episodio número 18: “Los niños y niñas migrantes, que encima crecen en un hogar pobre, no tendrán el camino despejado. Andarán cuesta arriba con el peso de las mochilitas al hombro, y así habrán de resistir las embestidas de una vida en pendiente”.

Todos los niños son igual de niños, pero ellos no son solo niños, sino “niños migrando”. Esas infancias pueden hacer que naufrague el proyecto migratorio de toda la familia, si no encuentran la manera de resolver sus cuidados, y es demasiado peso para la espalda de cualquier criatura. No lo saben pero lo saben, porque los cuerpos expuestos a una vida difícil aprenden mucho más rápido que las cabezas. Ellos no tienen el rumbo de la torre, ni conocen la supremacía de la dama. Dan pasos cortitos como los peones, y tienen que estar atentos para que no los pasen por encima.

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