marzo 25, 2021
Devolvé la copa
La Constitución de 1853 ya habilitaba la “doble imposición”, esto es, que una misma actividad económica pueda ser gravada por más de un distrito: Nación, provincias o municipios. Y ahí arrancó este despelote, que aun hoy estamos viendo cómo lo resolvemos.
una saga terrorífica de préstamos, partidas discrecionales, endeudamiento interno y externo y cada vez más déficit.

Hay una canción de Bersuit que pogueamos un montón de veces cuando éramos pibes. Ahí se le pide a uno de los muchachos que termine con la pavada y devuelva lo que se metió en el bolsillo. Lo de Rodríguez Larreta es diferente. No creemos que sepa nada el alcalde calvo sobre la bolsa de Huguito. Lo que Horacio está meta y meta reclamar son los puntitos de coparticipación que su pana Mauricio, siendo presidente, le había cedido con un decretazo, y que Alberto Fernández -proyecto de ley mediante- volvió a arrebatarle el año pasado, en medio de la recordada rebelión policial. El jefe de gobierno porteño sacó otra vez el tema en la apertura de sesiones legislativas que ofició vía Zoom. Sí, dejémoslo ahí.

Un asunto como éste, trascendente para el país, nos motivó a conversar con hombres y mujeres que habitan distintos suelos de nuestra Patria. Coparticipación, recursos, federalismo, porteñismo, obras y otras yerbas.

Recordemos, primero que nada, que los 44 millones de argentinos y argentinas contamos con 1298 municipios. Tenemos para tirar manteca al techo. Estos municipios están repartidos en 23 provincias más el distrito 24: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y estas provincias no nacieron de un repollo, por supuesto. La mayoría data del Congreso Constituyente, allá por el año 1853. Tres, fueron designadas durante el primer gobierno peronista: Chaco -provincia Presidente Perón-, La Pampa -Eva Perón- y Misiones. Otras cinco, obtuvieron su denominación entre 1955 y 1956: Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Formosa y Neuquén. En 1991 ve la luz Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Finalmente, la opulenta CABA es insertada en el ‘94. Ahí lo tienen enterito: el croquis argento.

Ya en la Constitución de 1853 se habilitó la “doble imposición”, esto es, que una misma actividad económica pueda ser gravada por más de un distrito: Nación, provincias o municipios. Y ahí arrancó este despelote, que aun hoy estamos viendo cómo lo resolvemos. Marcelo, obrero textil fueguino, piensa que en buena parte se trabajó bien en “avances tecnológicos, obras para llevar gas, Internet”, pero lamenta que en cuatro años se haya tirado por la borda todo eso que se había conseguido. Hoy suplica por ese “país federal, donde se haga lo que se dice que se va a hacer”.

Viviana destaca otros indicios de un crecimiento provincial: “Acá en Mendoza hay muchos comercios que empezaron a trabajar de horario corrido. Se ha ampliado nuestra población. Hay muchísima más actividad cultural, si bien no tanto como en CABA, y también veo que empiezan a haber otras modas, tendencias musicales y deportivas”.

Amén de este mundo de sensaciones al que gentilmente nos invita la abogada mendocina, lo cierto también es que nuestra Historia Económica nos dice mucho sobre la compleja realidad que atraviesa la mayoría de los municipios que hoy integran la FAM (Federación Argentina de Municipios), entidad creada por la Ley Nacional N° 24.807, de tanto en tanto mencionada por quienes alzan la voz ante el gobierno de turno para reclamar lo que les corresponde.

Decíamos “nuestra Historia Económica”, y eso bien puede remitirnos a la tristemente célebre Crisis del ‘29, colapso menor en relación al que está produciendo la actual pandemia, pero lo suficientemente profundo como para que se desplomaran los ingresos nacionales. Fue en ese marco que crecieron fuertemente los mecanismos de recaudación provincial. Tiempo después, en 1935, la recaudación se repartía en un 82% para Nación, en tanto que el 18% restante iba para las provincias.

Tras un breve pasaje de paridad distributiva entre Nación y provincias, durante el peronismo, la cosa volvió a inclinarse hacia el erario del Estado Nacional. El golpe de gracia, ocurrido en 1988, con Raúl Alfonsín en la presidencia, fue la sanción de nuestra vigente Ley de Coparticipación: 42,34% para Nación, 54,36% para las provincias, un 2% es destinado al desarrollo de las provincias más atrasadas y el puntito restante para fondos de Adelantos del Tesoro Nacional. 

Hace unos días falleció el ex presidente Carlos Menem y su muerte despertó más revuelo vía redes sociales y sets televisivos, que en un Pueblo que ignoró rotundamente su funeral. Y hete aquí otra de sus herencias: el reviente fiscal de las provincias, la emergencia de las famosas “inviables”. Alejandro, pediatra y funcionario catamarqueño, sintetiza el peligroso potencial de este paradigma, sobre todo si tenés funcionarios genuflexos: “En mi Catamarca, cuántas veces hemos sido víctimas, esperando la ‘benevolencia’ de los que cortan el bacalao. Representantes tibios que, en lugar de defender los intereses del pueblo, solo defienden los partidarios. Este sistema electoral que tenemos hace que estemos siempre preparándonos para ganar elecciones, olvidándonos del interés supremo”. Y eso que todavía nos falta la parte más trágica del asunto. Veamos este gráfico:

​En 1961, 7 de cada 10 pesos generados eran de Nación, 2,5 de las provincias y apenas 60 centavos de los municipios. Mientras tanto, el cuadro vecino nos demuestra que Nación gastaba entonces 7,2, las provincias 2,1 y los municipios cosa de 70 centavos. ¿So what? Provincias superavitarias, municipios en equilibrio y una Nación mínimamente deficitaria, asumiendo los costos. Hasta ahí bien.

​40 años después, en 2002, tenemos que Nación generaba 7,5 pesos y las provincias apenas 2. ¿Cómo se distribuía el gasto? Nación gastaba 5,1 pesos; las provincias cerca de 4 y los municipios el puntito restante. Por un lado, una Nación sin déficit, habiendo liquidado decenas de empresas estatales a través del Decreto 2284 y descentralizado la salud y la educación. Por otro, provincias cuyos gastos duplican su recaudación y municipios también endeudados.

​Si usted conoce el final, es porque se trata de una de esas pelis de terror-soft: no cabe ninguna otra chance que no sea un salvataje bajo la modalidad “parche + parche + parche + parche”. Una ecuación bien argenta y una saga terrorífica de préstamos, partidas discrecionales, endeudamiento interno y externo y cada vez más déficit. Daniel, cordobés él, desplegó en un audio de WhatsApp una síntesis formidable: “Yo pienso que, si seguimos así, en lugar de achicar esas diferencias, van a seguir creciendo cada vez más”. Y encima nos lo dice con esa tonada que a los porteños como nosotros nos es imposible rebatir.

​¿Tenemos tonada los porteños? Es algo que nunca voy a entender. Y posiblemente esa sola pregunta desnude mi porteñocentrismo. Lo que está claro es que, no importa lo que digamos ni cómo lo digamos, estamos condenados a caerle mal a un montón de compatriotas. Sobran los motivos, diría Sabina. Lo cierto es que acá el alcalde de la city anda reclamando ese puntito de la copa. Parece que la que tenemos no nos está alcanzando. ¡Bueno, che! ¿Qué quieren? Tenemos un estilo de vida que sostener.

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