agosto 3, 2023
Andrés Ruggeri: “La autogestión es la forma colectiva del trabajo”
Frente a una crisis, siempre se van a recuperar fábricas, porque es un proceso que ya forma parte de nuestra realidad social.
El trabajo es cada vez más escaso en sus formas tradicionales y más abundante en las formas precarizadas. La autogestión es una herramienta de organización para los trabajadores que se quedan afuera de la formalidad, y que puede contribuir a una economía con otras bases.

Dio la vuelta al mundo en bicicleta, es antropólogo, docente y director del Programa Facultad Abierta (FA), un equipo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA que apoya, asesora y produce investigación con las Empresas Recuperadas por los Trabajadores (ERT).

Ruggeri comenzó esta entrevista conversando sobre la juventud, expresando que, hoy en día, no está implicada en los espacios de la autogestión. Le cuesta creer que los jóvenes se hayan vuelto conservadores o de derecha, pero reconoce un fenómeno que le hace ruido: “No es un problema de la juventud, sino de la humanidad: la ausencia de proyectos emancipadores y creíbles. Está faltando que podamos visualizar caminos nuevos, distintos. Poder decir: ‘Mira, acá hay una salida”.

¿Qué papel cumple la autogestión en la transformación de la cultura laboral?

La autogestión, primero es un proceso complejo, y segundo, se lo conoce poco. Mucha gente hace autogestión sin saberlo, otros le cambian el nombre, y otros dicen hacer autogestión y en realidad están haciendo otra cosa. Si pensamos en la cultura laboral, la autogestión expresa la forma colectiva del trabajo. Es complicado porque hay generaciones enteras que entienden el trabajo como una cosa individual, organizada desde arriba y con una estructura piramidal. La autogestión es lo opuesto. Hoy el trabajo es cada vez más escaso en sus formas tradicionales y más abundante en las formas precarizadas. La autogestión es una herramienta de organización para los trabajadores que se quedan afuera de la formalidad, que puede contribuir a una economía con otras bases.

Acerca de los obstáculos que sigue enfrentando el sector en nuestro país, Ruggeri expresó que uno de los problemas centrales es que las cooperativas ya son reconocidas como asociaciones, pero sus integrantes no lo son como trabajadores plenos: “Imaginate el potencial que tendrían las cooperativas si ofrecieran los mismos derechos del trabajador asalariado formal, con el agregado de que ahí formás parte de un proyecto, participás de las decisiones”.

¿Cómo hacen las ERT o las cooperativas para no reproducir las formas de explotación neoliberales? 

Si son pequeñas, las cooperativas pueden mantener el contacto diario y la democracia, pero eso sirve para una cantidad chica de personas. No hay una disputa económica. Las más grandes, para competir en el mercado, tienden a reproducir los métodos de las empresas capitalistas y acaban, de hecho, convirtiéndose exactamente en eso. Ahí hay una tensión: si sos eficiente, en términos de mercado, te acercás al capitalismo como forma de organización; si, en cambio, no competís económicamente con otras empresas del rubro, podés persistir en un orden más asambleario. Se puede resolver, con perseverancia en la formación técnica y apelando a la toma de conciencia de los trabajadores y de las trabajadoras.

¿Cómo surge el ciclo de encuentros internacionales “La Economía de las/os Trabajadoras/es”?

En el post 2001, nos vinculamos con el movimiento de las empresas recuperadas y notamos que el clima antiglobalización estaba siendo convocante en el ámbito internacional. Venían investigadores, militantes, periodistas. En 2006 me invitaron a una conferencia en México, y las ERT fueron un tema central. 

El sexto, en Pigüé, contó con mucha presencia obrera. Al principio, estos encuentros tenían un marco que era muy propio de la universidad. Eso lo empezamos a revertir, convocando desde los espacios de trabajo. Uno de los logros de estos encuentros es poder reflexionar sobre la idea de la autogestión en lugares donde se la practica sin conceptualizarla. La idea de empresa recuperada, incluso, es muy argentina, pero no es que no existan ERT en otros países. Lo que pasa, es que nadie las llama así. Este año se inauguró la primera Escuela de Autogestión, en San Pablo.

Sobre su papel en Facultad Abierta, explica que tiene que ver con acompañar y brindar soporte teórico a los compañeros que deciden recuperar un lugar de trabajo. Para esto, señala, hay que desarrollar políticas públicas que impulsen la autogestión. “Lo importante es ofrecer un camino, con esta experiencia acumulada que permite que ningún proceso tenga que empezar desde cero”. 

En una entrevista dijiste que “cuando los capitalistas abandonan las empresas, la autogestión permite conservar esos puestos de trabajo”, ¿Se prevé una nueva ola de ERT?

Seguro las habrá. El desafío es evitar que sean procesos muy conflictivos. Frente a una crisis, siempre se van a recuperar fábricas, porque es un proceso que ya forma parte de nuestra realidad social. El tema es poder constituir esas empresas en el marco de un proyecto económico y político vinculado a la autogestión: eso es lo que no tenemos todavía, y por eso hay que seguir peleando.

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