febrero 8, 2021
Un cuarto propio
Virginia habla de la pobreza que acarrea el hecho de ser una mujer libre, y lo hace sin miedo ni metáforas, refiriéndose a la necesidad de alcanzar la independencia económica e incluso poniéndole cifras al asunto.
“Una mujer debe tener dinero y un cuarto propio, para escribir ficción”, dice la segunda página del libro, y andá a discutírselo.

“Un cuarto propio”, se llama este libro que publicó Virginia Woolf en 1929 y que puede encontrarse en cualquier lista de “libros feministas”, con la etiqueta de clásico. Es ensayístico y está basado en dos conferencias que dio la autora, sobre la mujer y la ficción. Como la escritura está dirigida al público que presenció esas charlas, leyéndola nos da la impresión de que nos está hablando directamente a nosotres.

A diferencia del 99% de las cosas que leo, este libro lo tengo en papel, y estoy bastante segura de que me lo regaló una pareja que tuve, para una navidad o para un cumpleaños, aconsejado por una mujer que atendía una suerte de librería feminista que conocíamos. Me recuerdo leyéndolo en las playas de Madryn, un verano, mientras tomaba sol. Hay fotos, que no me dejan mentir.

Siendo honesta, creí que me iba a aburrir. El problema de leer un clásico, que ya se está arrimando al siglo de haber sido publicado, es que una piensa que va a encontrarse con cosas sobre las que ya habló y discutió, y que va a carecer de ese agradable momento-eureka que se tiene cuando se aprende algo nuevo a raíz de una lectura, sin importar la temática. Pero, releyéndolo para escribir esta reseña, me di cuenta que es un libro que sirvió como catalizador de ciertas opiniones y reflexiones que hoy considero centrales en mi ideología feminista. De más está decir que la premisa, en sí, como escritora de ficción, me resultó sorprendentemente atractiva.

“Una mujer debe tener dinero y un cuarto propio, para escribir ficción”, dice la segunda página del primer capítulo, y andá a discutírselo. Esto era así hace 90 años, y sigue siendo así ahora. Virginia se vale entonces de un poco de ficción para hablar sobre las mujeres en la historia y ya desde el punto de vista de la meta-textualidad, se vuelve interesante.

Otra cosa que me sorprendió gratamente es la interseccionalidad del texto: Virginia habla de la pobreza que acarrea el hecho de ser una mujer libre, y lo hace sin miedo ni metáforas, refiriéndose a la necesidad de alcanzar la independencia económica e incluso poniéndole cifras al asunto. Ella habla de lo que necesitó, en su caso, para poder escribir ficción, pero todo lo que expresa es fácilmente traducible a cualquier tipo de trabajo independiente.

También es interesante lo irónico de un libro que busca rescatar a las mujeres de la historia, pero que pone el acento en la escasez de libros que hablan sobre las mujeres en la historia, al menos antes del Siglo XVIII. Bah, es interesante y un poco indignante también, porque no deja de molestar esa cruda realidad de no tener herramientas literarias para comprender cómo fue la vida de las mujeres, a lo largo de la historia. ¿Cómo era el día de una mujer, hace 200 años? ¿Cómo eran sus tardes? ¿Cómo eran sus noches? Semejante agujero en nuestra historia solo puede explicarse con una dosis de abrumadora realidad: a los ojos de los historiadores, la vida y la obra de una mujer no valía lo suficiente como para arrojarla a la posteridad. Una depresión absoluta.

Un cuarto propio tiene nada más que 141 páginas, pero por algo se transformó en el clásico que es. Decididamente, es una lectura fácil y altamente instructiva. A mí me gustó tener esa oportunidad de entender un poco de lo que pasaba en la cabeza de una figura tan relevante como Virginia Woolf. Desde el punto de vista histórico, es una gran ocasión para aprender de primera mano sobre lo que significaba el feminismo, un siglo atrás. A mi entender, eso solo ya la convierte en una lectura interesante, y también amena.

Es una obra que se las ingenia para mantenerse sorprendentemente vigente, y de una manera simbólica se encarga de que agarremos la antorcha, para iluminar los mismos sueños por los que ella luchó. Virginia nos promete que, si nos preparamos, nos esforzamos y nos decidimos a eso, vendrá el día en que una mujer nazca y pueda vivir de lo que le plazca, como le plazca. Ese día, tener un cuarto propio para soñar, ya no será el lujo que es hoy.

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